La Abuelita De Todos

Personalidades

Risueña y habladora; Juana es más feliz hablando, le encanta conversar de todo y más; baila al ritmo de cualquier música que suene. Ella es más feliz al son de la música. Sentada en una banca del parque de Conocoto, Juana deja de lado la sonrisa para hablar sobre la soledad. Nacida en Salcedo, creció con el sueño de bailar por el mundo, pero la falta de dinero y las malas decisiones ahogaron el sueño a temprana edad. Su niñez la vivió en Salcedo aprendiendo a preparar machica y cuidándole a su abuela, entre sus años de adolescencia conoció a Antonio, 15 años mayor, con quien se casó a los 15 años y quien la trajo a vivir a Conocoto. “Mi viejito me trajo a nuestra primera casita, una media agüita cerca de la Moya bonita era”, cuenta. Pero, solos en un nuevo lugar las cosas empezaron a cambiar “Cuando nació Toñito, mi viejo trabajaba en la costa, apenas y lo veíamos, no teníamos mucho” recuerda. Juana empezó a trabajar limpiando casas, cuando su primer hijo empezó la escuela, Juana empezó a vender comida, tuvo su restaurante por unos años. Su esposo falleció cuando esperaba sus gemelas, “Cuando me dijeron que mi viejito se había muerto en la construcción yo no sabía qué hacer, tenía un hijo de 6 años, y estaba en cinta, no tenía familia, estaba perdida”, recuerda entre lágrimas. Los años pasaron Juana vendió la casita para vivir en un lugar más pequeño y poder mantener a sus tres hijos, los niños crecieron, la situación económica del país empeoro “Mis hijos se fueron a España, se casaron y se olvidaron de mi” cuenta. Juana trató de contactarse con ellos, solo sabe que tiene 6 nietos, a los que nunca ha visto.

Juana conoció a su primer “nieto” cuando vivió en un cuartito de arriendo por San Juan de Conocoto, “El Miguelito no comía, tenía los pantalones rotos, así que dije que yo le compraría unos nuevos para que no ande así” recuerda sonriendo. Juana vivió con Miguel por 2 años hasta que el muchacho se casó, pero aun la visita y trae consigo a sus hijos, otros nietos más para Juana. Su segunda “nieta” María, fue la muchacha guayaquileña, que trabajaba en Conocoto, quien la acogió cuando Juana ya no tenía donde vivir, con ella vivió poco más de un año hasta que María enfermo, “Marita estaba grave, estuvo en el hospital y sus papás se la llevaron a Guayaquil, nunca más supe de Marita”, cuenta. Al tercer “nieto” lo encontró en el parque, un señor no mucho menor que ella quien la visitaba en su casa “Cada jueves, Manuelito venía con su guitarra a mi cuartito, traía caldito de gallina y tocaba bien bonito y bailaba conmigo, ahora lo encuentro en las fiestas y bailamos juntos”, cuenta entre risas. Su cuarto “nieto” Juanito, un niño que encontró tiritando de frío afuera de su casa hace unos años se ha convertido en su “nieto” consentido, “Juanito se deja nomas hacer trapos, todo grandote y me deja abrazarle y baila conmigo también, me recuerda tanto a mi viejito”, dice entre suspiros. Juana ha conocido a muchos “nietos”, muchachos que ahora son adultos encontraron en Juana o “Mamá Juanita” como le dicen, una abuela más, le sonríen en la calle, le visitan donde viva ese mes. Los niños bailan con ella en el parque, ella les enseña a cantar pasillos y les cuenta historias de sus padres.

Juana ahora se dedica a recolectar botellas en las calles, vive en un cuartito al frente del parque, los fines de semana le encanta ir al puente del guambra donde sus nuevos nietos tocan sus canciones favoritas, que baila sin parar hasta que debe regresar, aun disfruta de cantar en las fiestas, siempre se sienta en la misma banca los domingos, mirando a las familias pasear, saludando a sus nietos y sus nietitos, viéndolos jugar y pensando en sus hijos y nietos en España, “Solo espero que estén bien y que se acuerden de mi un poquito”, cuenta entre suspiros.
Juana sabe de soledades y compañías, sabe de reír y llorar, pero no se rinde, ella aún espera seguir conociendo más nietos y bailar en las calles, espera encontrarse a sus hijos así sea en su último aliento.